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“Nobel Vargas Llosa”

outubro 11, 2010

Catorce minutos de reflexión

Inmediatamente fui absorbido por la magia de El reino de este mundo y la transfiguración mítica que la prosa de Carpentier hace de los primeros intentos independentistas en Haití. El narrador omnisciente de la historia es una astuta ausencia erudita, libresca, barroca y rebuscada que narra desde muy cerca de la sensibilidad del esclavo Ti Noel, quien cree en los Grandes Loas del vodú y que los hechiceros del culto, como Mackandal, gozan del don de la licantropía, es decir, pueden transformarse en animales a voluntad. Hacía por lo menos veinte años que no la releía y su poder de persuasión seguía siendo irresistible.

De pronto advertí la presencia de Patricia en la salita. Se acercaba con el teléfono en la mano y una cara que me asustó. “Una tragedia en la familia”, pensé. Cogí el aparato y escuché, entre silbidos, ecos y eructos eléctricos, una voz que hablaba en inglés. En el instante en que alcancé a distinguir las palabras Swedish Academy la comunicación se cortó. Estuvimos callados, mirándonos sin decir nada, hasta que el teléfono repicó otra vez. Ahora sí se oía bien. El caballero me dijo que era el secretario de la Academia Sueca, que me habían concedido el Premio Nobel de Literatura y que la noticia se haría pública dentro de catorce minutos. Que podía escucharla en la televisión, la radio y el Internet.

-Hay que avisar a Álvaro, Gonzalo y Morgana -dijo Patricia.

-Mejor esperemos que sea oficial -le contesté.

Y le recordé que, hacía muchos años, en Roma, nos habían contado la broma pesada que le jugaron unos amigos (o más bien enemigos) a Alberto Moravia, haciéndose pasar por funcionarios de la Academia Sueca y felicitándolo por el galardón. Él alertó a la prensa y la noticia resultó un embrollo de mal gusto.

-Si es cierto, esta casa se va a volver un loquerío -dijo Patricia-. Mejor dúchate de una vez.

Mario, un señor de Manhattan

“Me acuerdo de cuando empecé en esto. ¡Quién me iba a decir a mí que acabaría como he acabado! Yo jamás pensé que me ganaría la vida como escritor, jamás pensé siquiera que fueran a editarme un primer libro. Yo creía que la edición me la tendría que pagar yo y que lo leerían apenas un grupito de amigos”.
Y continúa: “Y ya ves, aquí estoy, gracias entre otras cosas a que he tenido mucha suerte en la vida”. Suerte para encontrar las ayudas necesarias, “sobre todo en España”, recuerda. Suerte, por ejemplo, para cruzarse con Carlos Barral, “que peleó como nadie con la censura de entonces para publicar La ciudad y los perros”, o con Carmen Balcells, “que creía más en mí que yo mismo”. Y aquí está, en efecto, en la portada de The New York Times, convertido en “el escritor que examina los peligros del poder y la corrupción en América Latina”. Enorme plataforma y enorme gloria, pero Vargas Llosa quiere relativizar ese logro. “No es lo más importante que me ha pasado en la vida”. “Mi matrimonio es más importante, mi familia es más importante. Mi familia es mi vida, siento protección en mi familia. Algunos amigos. Ese aliento vital que recibes de tu entorno íntimo es lo más importante. Siento gran felicidad por este premio, pero no es mayor que la que sentí al ver editado mi primer libro por una pequeña editorial de Barcelona que llevaban un grupo de médicos aficionados a los cuentos; tenía el nombre de uno de los médicos, Roca”.

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