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Quem foi Daniel Anthony Mitrione?

dezembro 15, 2010

A história é longa. Vale a pena seguir os enlaces. Cada um deles conta um pouco sobre a vida de Dan Mitrione no Uruguai e no Brasil.
Uma história que não deve se repetir, nunca mais! Tortura nunca mais!

Se dice que dijo una vez “El dolor exacto en el lugar exacto en la cantidad exacta para lograr el efecto deseado.”

El pasado de guerrilla y dictadura se interpone hoy entre EE UU y Uruguay
Cuarenta años después de que la organización guerrillera uruguaya Tupamaros secuestrara y asesinara a Dan Mitrione, un notorio especialista estadounidense en “técnicas avanzadas de contrainsurgencia” (incluida la tortura eléctrica), el caso sigue formando parte de las conversaciones de los embajadores de Estados Unidos en Uruguay. Treinta y dos años después de que la esposa de un importante político del Partido Nacional, Cecilia Fontana de Heber, muriera envenenada tras probar una botella de vino enviada a su marido, las autoridades de Montevideo siguen pidiendo al Gobierno norteamericano que desclasifique todos los documentos relativos al caso en manos de la CIA, supuestamente implicada en una operación que resultó mal y que pretendía proteger a una fuente de la agencia.

Tensiones muy profundas

Las buenas relaciones no ocultan, sin embargo, tensiones muy profundas. “Trabajamos a menudo con antiguos tupamaros, que suponen una parte importante del gobierno del Frente Amplio”, explica un telegrama diplomático de marzo de 2007. “Pero hemos trazado una línea y no tratamos con individuos que creemos razonablemente que han estado implicados en el secuestro o asesinato de ciudadanos estadounidenses, como Dan Mitrione”, asegura. Dan Mitrione (sobre cuyo secuestro y muerte trata la famosa película Estado de sitio, de Costa Gavras) fue un agente del FBI que trabajó como “asesor de seguridad” primero en Belo Horizonte y Río de Janeiro (Brasil) y luego en la Embajada en Montevideo, y al que numerosas fuentes atribuyeron haber entrenado a fuerzas policiales y militares en el uso de la picana eléctrica y otras técnicas de tortura. El mencionado telegrama de 2007 recuerda que fue secuestrado el 31 de julio de 1970. “Se cree que en algún momento, Mitrione fue castrado por Antonio Mas Mas, un estudiante de Medicina que luego desapareció y que puede estar muerto. El 10 de agosto, Mitrione recibió varios disparos de Mas y su cuerpo apareció en un coche abandonado”.

Orígenes del terrorismo de estado uruguayo ||| Mitrione
A mediados de agosto de 1970, un policía de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, Miguel Ángel Benítez Segovia, que también era militante del MLN-Tupamaros, viajó a Estados Unidos becado por la AID para recibir un curso secreto impartido por la CIA. Había sido seleccionado y promovido por Dan Mitrione semanas antes de su muerte.
En una base militar ubicada en Texas fue adiestrado junto a otros 29 policías del Tercer Mundo en el manejo de explosivos, la fabricación de bombas y su utilización en atentados terroristas. Al regresar a Uruguay debía aplicar los nuevos conocimientos en la lucha contrainsurgente.

¿Quién era en realidad Dan Mitrione?
Considerado en un primer momento como un mártir del terrorismo desatado por los tupamaros, investigaciones posteriores inclinaron las opiniones hacia el lado opuesto: Mitrione era un experto en torturas al servicio de la CIA. Aunque tampoco eso justificaba su asesinato, la óptica era otra.

Según los diarios, una radioemisora había interpretado cabalmente el dolor y la vergüenza de los uruguayos, al cerrar su transmisión desde el aeropuerto con esta frase: “¡Dan Mitrione, perdónanos!”. Otra información, recogida por los medios al caer la noche, daba cuenta de que el embajador uruguayo en Estados Unidos Héctor Luisi había informado al gobierno de aquel país que las autoridades de nuestro país darían el nombre del funcionario asesinado a una calle y además levantarían un monumento a su memoria con una placa de bronce donde estaría escrita esta frase: “A Dan Mitrione, eterno recuerdo. Dio su vida al servicio de la democracia de su país y más allá de sus fronteras”. La calle hoy no existe y el monumento jamás se construyó.

El asesinato de Mitrione no hizo más que aumentar la alarma brasileña pensando que un destino igual correría su cónsul Días Gomide. Un cable de AFP fechado en Río de Janeiro informó ese día que ocho aviones militares de transporte habían conducido hasta Santa Ana do Livramento a un contingente de paracaidistas y allí habían quedado en estado de alerta. La misión que se les había encomendado –se explicaba– era impedir que los sediciosos uruguayos pudieran trasponer la frontera huyendo hacia Brasil. Las verdaderas intenciones nunca fueron divulgadas oficialmente. Las radios captadas en los departamentos fronterizos confirmaban lo anunciado días antes: el Tercer Ejército de aquel país marchaba rápidamente sobre la zona limítrofe y salvo tal vez la Cancillería uruguaya, no se sabía lo que se estaba tramando. Los titulares de los diarios orientales “Calma total reina en la frontera”, daban a entender que en ese lugar reinaba cualquier cosa menos la calma.

Las clases comenzaron insinuantes: anatomía y descripción del funcionamiento del sistema nervioso humano, psicología del prófugo y psicología del detenido, profilaxis social –nunca llegué a saber en qué consistía y la considero un elegante eufemismo para evitar otra denominación más severa– etc. Pronto las cosas tomaron un giro desagradable. Como sujetos de las primeras pruebas se dispuso de tres pordioseros conocidos en el Uruguay como bichicomes, habitantes de los suburbios de Montevideo así como de una mujer, aparentemente de la zona fronteriza con Brasil. No hubo interrogatorio, sino una demostración de los efectos de diversos voltajes en las partes del cuerpo humano, así como el empleo de un vomitivo –no sé por qué ni para qué– y otra substancia química. Los cuatro murieron. (…) Lo que ocurría en cada clase era de por sí repulsivo. Lo que le daba un aire de irrealidad, de particular horror era la fría y pausada eficiencia de Mitrione; su vocación docente, su atención a los detalles, lo exacto de sus movimientos, el aseo e higiene que exigía a todos, tal si estuvieran en una sala de cirugía de un moderno hospital. (…) Mitrione consideraba el interrogatorio un arte complejo. Primero debía ejecutarse el período de ablandamiento, con los golpes y vejámenes usuales. Nada de preguntas, sólo golpes e insultos. Después golpes en silencio exclusivamente. Sólo después de esto el interrogatorio. Aquí no debía producirse otro dolor que el causado por el instrumento que se utilizara. (…) Durante la sesión debía evitarse que el sujeto perdiera toda esperanza de vida, pues ello podría llevarlo al empecinamiento. Luego me expresaba como al recibirse un sujeto, lo primero que se hacía era determinar su estado físico, su grado de resistencia mediante un exhaustivo examen médico, porque una muerte prematura significaba el fracaso del técnico. “Siempre hay que dejarles una esperanza, una remota luz” –decía– (…) “Esta es una guerra a muerte. Esa gente es mi enemiga. Este es un trabajo duro, alguien tiene que hacerlo, es necesario. Ya que me tocó a mí, voy a hacerlo a la perfección. Si fuera boxeador, trataría de ser campeón del mundo, pero no lo soy. No obstante en esta profesión, mi profesión, soy el mejor”.

Voltando ao “El muerto que habla”

Dan Mitrione: ¿Héroe o torturador?

El dolor exacto en el lugar exacto

Meditando, camino a su casa, después del interrogatorio de uno de los tupas detenidos, Daniel Mitrione recordó que su experiencia en la República Dominicana en 1965 durante la invasión norteamericana fue reveladora. Fue allí donde quedó convencido que la tortura a los subversivos detenidos, daba resultados más efectivos que un lento proceso de infiltración.
En una conversación con el agente de la CIA, el cubano Manuel Hevia Casculluela que estuvo de acuerdo con el que el interrogatorio era un arte y requería un profundo conocimiento de psicología humana y la lectura de Freud y Jung. Le decía a Manuel que el ser humano más fuerte también era vulnerable. El truco era lograr un dolor exacto en la parte precisa del cuerpo humano administrándole una descarga eléctrica de acuerdo a su condición física. Para esto también se necesitaba la presencia y participación de un médico.
Le contó a Manuel su experiencia en el Brasil donde se entrenaba a la policía, torturando a vagabundos. Así logró su primer invento, la silla para los choques eléctricos, bautizada por la policía brasileña como la “silla del dragón.” Aprendió la técnica de producir la contradicción máxima entre el cuerpo del detenido y su mente, utilizando una descarga eléctrica precisa en el punto más vulnerable del ser humano.
Aquella sensación no solamente producía un dolor extremo al preso sino la sensación de humillación de no poder controlar los movimientos del cuerpo que exigía a la mente la rendición y sumisión para salir del infierno de dolor que seguía intensificándose implacablemente.
En el Brasil, la tortura daba resultados muy buenos, casi todos los detenidos hablaron. Sin embargo en el Uruguay se producía un fenómeno diferente. No todos hablaban, parece que muchos Tupas poseían un método de defensa y resistencia a la tortura que era cercano a un cierto misticismo difícil de entender. La mayoría tenían la convicción de que luchaban por justo y valía la pena, inclusive, sacrificar la vida por esa causa.

Professor de repressão
Quando os tupamaros, revolucionários nacionalistas uruguaios, seqüestraram o cidadão norte-americano Daniel A. Mitrione, ele era quase um desconhecido. Após negociações infrutíferas para trocá-lo por presos políticos, o refém acabou assassinado, em agosto de 1970.
A repercussão internacional do episódio trouxe a público a atividade de Dan Mitrione: havia um ano que ele estava no Uruguai, com a missão de treinar policiais daquele país. Era um entre centenas de assessores policiais norte-americanos espalhados pelo mundo, atuando para o Programa de Segurança Pública (OPS, na sigla em inglês) da Agência dos Estados Unidos para o Desenvolvimento Internacional (Usaid).
O caso ganharia ainda mais notoriedade três anos depois, com o lançamento do filme “Estado de Sítio” (État de siège, 1973), do grego Constantin Costa-Gavras. Embora no cinema o protagonista se chamasse Philip Michael Santore e fosse interpretado pelo elegante francês Yves Montand (o Mitrione real fazia o estilo corpulento), a narrativa é fiel às informações disponíveis sobre o episódio.
O governo americano viu-se em uma situação embaraçosa: estava treinando policiais de países onde vigoravam ditaduras em luta contra a esquerda revolucionária. Pior: eles usavam a tortura como método para destruir a oposição. Na época, já pipocavam na imprensa americana denúncias sobre a prática de tortura nos países aliados da América do Sul, principalmente no Brasil. E Mitrione, antes de embarcar rumo à morte no Uruguai, vivera dois anos em Belo Horizonte.

É pouco provável que os assessores americanos fossem uma fonte de ensinamentos importantes no campo da tortura, pelo menos na fase anterior à experiência do Vietnã. A polícia brasileira tinha larga experiência no terreno, sobretudo desde o Estado Novo. Possivelmente, tinha mais a ensinar do que a aprender. O maior auxílio norte-americano nessa área foi o fornecimento dos famosos rádios portáteis, que, além de servir à comunicação, foram usados como geradores de eletricidade para dar choques nos presos. Os treinamentos podem ter ensinado a modular as descargas elétricas para a obtenção de resultados eficientes.
No livro Brasil: Nunca mais (organizado por D. Paulo Evaristo Arns em 1985), alguns relatos afirmam que Dan Mitrione chegou a usar mendigos como cobaias para ensinar tortura em sua passagem por Belo Horizonte. Isso é pouco provável, pois seu trabalho na capital mineira foi entre 1960 e 1962, fase morna no que toca à repressão, e quando a esquerda tinha espaço no governo do Estado. Alguns anos depois, no Uruguai de 1969, talvez já tivesse aprendido certas práticas…

Na luta para manter-se no Brasil – e para garantir o futuro do programa no mundo todo –, a Usaid teve que investir em outra tarefa importante: mudar a imagem de Dan Mitrione junto à opinião pública. No lugar do treinador de tortura, era preciso criar a memória de um homem bom e estimado. Uma boa oportunidade surgiu em janeiro de 1971, quando um vereador amigo tomou a inciativa de homenageá-lo, apresentando projeto para batizar com seu nome uma rua de Belo Horizonte. Funcionários da OPS no Brasil foram instruídos a estimular as autoridades mineiras a levar adiante a proposta. E rápido, para haver tempo de inserir a notícia na edição especial que um jornal do estado natal de Mitrione preparava. O plano deu certo. Seduzidos pela divulgação que teriam na imprensa norte-americana, o prefeito Souza Lima e um grupo de vereadores organizaram evento público duas semanas depois. Em seu discurso, o prefeito destacou os laços de Dan Mitrione com a cidade, onde viu nascer um de seus filhos, e agradeceu-lhe por sua dedicação às forças policiais do estado, que reconheciam com estima o seu trabalho. Ao inaugurar a placa, Souza Lima dirigiu-se às futuras gerações, que deveriam se lembrar daquele homem como alguém cuja vida foi sacrificada ao interesse público, num “belo testemunho de solidariedade humana”.
Como previsto, a cerimônia foi propagandeada pelos meios de divulgação da Usaid nos Estados Unidos. No Brasil, a repercussão foi fraca, particularmente por uma coincidência trágica que diminuiu o brilho do evento: no dia anterior, a poucos quilômetros da Rua Dan Mitrione, ocorreu um grande desabamento, que causou a morte de vários operários no Parque de Exposições da Gameleira, então em construção.
Com o fim do regime militar, mudaram os rumos do debate público. Os grupos que a imprensa chamava de terroristas passaram a ser denominados guerrilheiros, enquanto aqueles que eram distinguidos como bravos defensores da ordem se transformaram em vis torturadores. Nas batalhas da memória, que sempre acompanham as lutas pelo poder, heróis e vilões costumam trocar de posição. E foi assim que a Rua Dan Mitrione acabou rebatizada nos anos 1980. Chama-se agora José Carlos da Matta Machado, em homenagem a um dos mineiros mortos pela ditadura. Talvez por algum policial treinado pela Usaid.

Daniel Anthony Mitrione na Wikipedia

Para quem achava que os documentos revelados pelo WikiLeaks eram só fofocas de embaixadores, a trajetória de Dan Mitrione no Uruguai é a prova de que a história está sendo reescrita a partir de alguns desses documentos.
Eu conheço gente que conheceu o “simpático” Dan Mitrione e nunca imaginou que esse senhor pudesse ser o que realmente foi, um torturador. E também conheço bem a família Matta Machado.
Tortura, nunca mais! Assassinatos, nunca mais!

PS: O enlace ¿Quién era en realidad Dan Mitrione?, demora um pouco a carregar.

2 Comentários leave one →
  1. Guaracy Monteiro permalink
    dezembro 15, 2010 1:45 pm

    Parece que a cada dia tentam me lembrar do que li em 1983. 1984.

    “You asked me once,” said O’Brien, “what was in Room
    101. I told you that you knew the answer already. Everyone
    knows it. The thing that is in Room 101 is the worst thing
    in the world.”

    “The worst thing in the world,” said O’Brien, “varies from
    individual to individual. It may be burial alive, or death by
    fire, or by drowning, or by impalement, or fifty other deaths.
    There are cases where it is some quite trivial thing, not even
    fatal.”

    Texto extraído do Plnet eBook

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