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Só para quem gosta de ler…

dezembro 15, 2010

El discreto encanto de las librerías
Elegir un libro entre millares, sacarlo con mimo de su estantería, decidir comprarlo para uno mismo o para regalar, puede ser un acto aún más placentero si la librería que lo contiene tiene algo especial, si sus pasillos son laberínticos y caóticos, si un gato esfinge mira con recelo, si nos echamos una siesta antes de seguir la búsqueda, si disfrutamos la pausa con un café en el altar de una iglesia o si dormimos en un camastro instalado entre libros. Primera selección dentro de este encantador universo.

Evocando a Gardel

El reconocido Teatro Grand Splendid escenario de innumerables galas porteñas, que acogió a figuras tan conocidas como la de Carlos Gardel es ahora una impresionante librería, la Ateneo, Avenida Santa Fe 1860, en Buenos Aires. El área de la librería, es de 2000 m2, tres plantes y cuatro hileras de palcos cubiertos de estanterías y libros. La bóveda tiene una pintura de Nazareno Orlandi. El magnífico edificio fue construido en 1919 por los arquitectos Peró y Torres Armengol. El escenario, ahora de la librería, se ha transformado en una acogedora cafetería donde se podrá saborear una buena lectura.



Barcelona entre páginas
Probablemente leer no sea la actividad más practicada por quien decide visitar Barcelona durante unos días: se ha de realizar en solitario y requiere silencio y concentración, conductas impopulares entre muchos de los que andan de vacaciones; pero como, afortunadamente, los letraheridos le sacan partido a toda actividad relacionada con su afición favorita, aquí van algunas sugerencias rescatadas entre las muchas que Barcelona ofrece a los bibliófilos del mundo.
No nos engañemos: el amor a la literatura es, en más de un caso, un amor desmesurado, cercano al fetichismo, hacia el objeto libro. De ahí que la sola presencia de letra impresa encuadernada en lugares no designados con los apelativos de “librería” o “biblioteca” sea un aliciente para los bibliófilos. El café Lletraferit, situado en una de las calles más animadas del Raval, nos llama desde ese nombre sugerente con sus cantos de sirena provista de gafas de cerca: en sus cómodos sillones se pueden hojear -y comprar después- libros nuevos y de segunda mano, mientras se dan sorbos a los cócteles del local.
Si se nos abre el apetito, ¿dónde encontrar un lugar semejante que sirva, sin ir más lejos, arroz con pichón para cenar? En Barcelona existe: es el Restaurante Biblioteca, provisto de estanterías bien surtidas de libros de cocina para consultar -mayor coherencia temática, imposible-. Además, los críticos gastronómicos del New York Times afirman soñar con su tarta de manzana. Nos fiamos de ellos y de su cocina a la vista de todos, donde no nos pueden dar gato por liebre. Pero el restaurante no se llama así únicamente por sus estantes repletos de recetarios, sino también por su proximidad con la Biblioteca Nacional de Catalunya.

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